Llega
un día en que te das cuenta que la mirada que tienes ante ti es la
que quieres que te acompañe toda la vida. Justo en ese momento no
tienes ni el más mínimo atisbo de duda en apostarlo todo a que así
sea.
Los
ojos que acompañan a esa mirada te sonríen, te guían por el futuro
que quieres construir para ellos. Puedes cambiar esas pequeñas cosas
que a ella le gustan tan poco y a ti te son indiferentes y empiezas a
pensar en que tu vida ya no es sólo tuya, que ahora la compartes con
quien deseas hacerlo toda tu existencia.
Es en
ese instante, en que la mirada te presenta la mayor felicidad, cuando
reparas en la suerte que tienes. Piensas en que has hecho de bien en
la vida para que ella decida que tú eres la persona ideal para
acompañarla en la suya. No crees en la suerte, ni en el destino,
pero empiezas a tener conciencia que hay algo muy por encima de
nosotros que marca el camino a seguir.
La
contemplas dormir mientras garabateas tus sueños junto a los suyos,
sientes su respiración acompasada cuando la tuya quiebra y el miedo
a que ya nada sea como tu anhelaste desaparece. Disfrutas de su
descanso sentado en el pasillo con el deseo que al despertar todos
los monstruos se hayan esfumado y las lágrimas evaporado.
La
penumbra del escenario es la necesaria para el contraluz más
hermoso, el que siluetea su perfil tumbado y hermoso. Los barrotes
que esconden el inicio de la cama cautivan a la pared y nunca
permitiría que lo hicieran con sus acciones.
Diseñamos
una boda en la que he descargado la mayor parte del trabajo en sus
brazos cansados. Tiene un trabajo que la absorbe y fatiga y yo,
incapaz de verlo, pienso en que todo está bien, que no pasa nada y
que quedan muchos mañanas por cubrir.
Se me
encomiendan tareas sencillas, y yo las complico hasta el llanto. Me
detengo a pensarlo un instante y aterriza esa mirada que hizo
cambiar el rumbo de mi vida. Brota una sonrisa feliz con una mirada
esperanzadora. Me siento bien, más que bien, al saber que al empezar
el día y al terminarlo estarás ahí.
Gracias
por quererme, por estar ahí y por querer pasar el resto de tu vida
junto a la mía.
Tuyo
por siempre
C.J.
Que belleza en tus palabras, hermano...no dejes de sentirlo nunca!
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