domingo, 17 de febrero de 2013

Cómo empezó todo

Llega un día en que te das cuenta que la mirada que tienes ante ti es la que quieres que te acompañe toda la vida. Justo en ese momento no tienes ni el más mínimo atisbo de duda en apostarlo todo a que así sea.

Los ojos que acompañan a esa mirada te sonríen, te guían por el futuro que quieres construir para ellos. Puedes cambiar esas pequeñas cosas que a ella le gustan tan poco y a ti te son indiferentes y empiezas a pensar en que tu vida ya no es sólo tuya, que ahora la compartes con quien deseas hacerlo toda tu existencia.

Es en ese instante, en que la mirada te presenta la mayor felicidad, cuando reparas en la suerte que tienes. Piensas en que has hecho de bien en la vida para que ella decida que tú eres la persona ideal para acompañarla en la suya. No crees en la suerte, ni en el destino, pero empiezas a tener conciencia que hay algo muy por encima de nosotros que marca el camino a seguir.

La contemplas dormir mientras garabateas tus sueños junto a los suyos, sientes su respiración acompasada cuando la tuya quiebra y el miedo a que ya nada sea como tu anhelaste desaparece. Disfrutas de su descanso sentado en el pasillo con el deseo que al despertar todos los monstruos se hayan esfumado y las lágrimas evaporado.

La penumbra del escenario es la necesaria para el contraluz más hermoso, el que siluetea su perfil tumbado y hermoso. Los barrotes que esconden el inicio de la cama cautivan a la pared y nunca permitiría que lo hicieran con sus acciones.

Diseñamos una boda en la que he descargado la mayor parte del trabajo en sus brazos cansados. Tiene un trabajo que la absorbe y fatiga y yo, incapaz de verlo, pienso en que todo está bien, que no pasa nada y que quedan muchos mañanas por cubrir.

Se me encomiendan tareas sencillas, y yo las complico hasta el llanto. Me detengo a pensarlo un instante y aterriza esa mirada que hizo cambiar el rumbo de mi vida. Brota una sonrisa feliz con una mirada esperanzadora. Me siento bien, más que bien, al saber que al empezar el día y al terminarlo estarás ahí.

Gracias por quererme, por estar ahí y por querer pasar el resto de tu vida junto a la mía.

Tuyo por siempre

C.J.

domingo, 28 de octubre de 2012

Blanca, radiante... y exclusiva


Lourdes ya tiene el vestido. Para ser más exactos lo ha elegido. Y ha pagado un adelanto. Tenía cita, como cuando vas al médico o al tarotista. La esperaban el personal de la tienda con una botella de cava y una sonrisa. Bueno tres sonrisas. Una de ellas, la de la dependienta, o shopping assistent, ayudaba a Lourdes a ponerse y quitarse vestidos mientras su madre y hermana esperaban a dar su opinión. La madre y hermana de Lourdes, se entiende. Es como cando acompañas a tu chica al Bershka pero en lugar de esperarla tú, con tu cara de panoli, en la entrada de los probadores sujetando un bonito bolso de Desigual lo hacen su madre y hermana. Pero ellas sin cara de panoli, ellas entienden el proceso.

A Lourdes le encanta su vestido, me pregunta como me lo imagino y trato de tirar de archivo fotográfico para dar una visión amplia y lo más genérica posible, con la infructuosa intención de no decir barbaidades estilisticas. Error mayúsculo. Existen tantas variables en el asunto del vestido que siempre la termino cagando. Y no vale usar palabrejas como fruncido, tul, demodé, vintage, y cosas así, porque Lourdes siempre me acaba pillando y se da cuenta que no tengo ni la más remota idea de como es su elección. Utiliza unas sorprendentes dotes detectivescas con el más absurdo de los fines: averiguar mis inquietudes por no saber como es el vestido que ella ha elegido y que no podré ver hasta el día de la boda. Y quedan ocho meses.

Lourdes me pregunta de vez en cuando por mi traje. El que llevaré EL DÍA. Tiene curiosidad por saber como será, ¿o será inquietud?, con una estrategia de sutilidad similar a la de un tractor de mil novecientos treinta me hace ver sus preferencias. Pero me estoy manteniendo firme. Aunque, como siempre, ella gana: se descarta la pajarita, el blanco y llevar ropa de debajo previamente estrenada.

Pero volviendo al tema central, es decir ella, me llamó mucho la atención un detalle que me contó mientras comíamos una ensalada. El vestido que ha comprado, o encargado, no será adquirido por ninguna novia en los lugares donde se llevará a cabo el evento. Ni en Lucena ni en Aguilar de la Frontera chavala alguna podrá comprar el mismo vestido. Ni ese día ni nunca. Son las cosas de las novias, a las que no les debe hacer mucha gracia eso de coincidir, no ya el mismo día sino en la vida en general, con otra sufrida futura esposa. Es como si dos saltarinas quinceañeras en la Disco, a ritmo de Shakira, descubren con disgusto y griterío que la vecina de contoneos y morritos "a lo tuenti" lleva la misma camiseta del Stradivarius. Se monta un lío que ni los marines USA son capaces de sofocar.

Así pues, Lourdes and I vamos dando pasitos hacia ese día en que una radiante novia, con su espectacular vestido exclusivo, dirá un sí a una pregunta concreta y por la que aún está flipando este bloggerillo atontao y feliz.

viernes, 5 de octubre de 2012

And the winner is?


Imaginemos a una actriz que gana el Oscar a la mejor actriz protagonista. Con un espectacular vestido de Dior de espalda descubierta, un peinado que luce con estilo y un joyerío cual reluciente escaparate. Es la estrella, todos los focos, las cámaras y los micrófonos buscan a la reina indiscutible de la noche. La pava que ha ganado el premio a la mejor actriz protagonista. A la que sacará Vogue en la portada en su número de septiembre; la que se rifarán las grandes perfumeras para el anuncio de Navidad. Lo más de lo más.

Y ahora tenemos al fulano que ha ganado el premio de la Academia al mejor corto documental. Un friki que no sabe ni cómo ha llegado hasta ahí, con un traje prestado que se le nota que es prestado, con la pajarita mal puesta (y eso que es de las que tienen una gomita) y un pelo limpio-pero-que-parece-sucio. Ni cristo se acordará de su nombre, le han dado el premio durante una pausa publicitaria de la ABC y encima en algún momento de la noche le han confundido con un bedel, un conserje o lo que es peor, con un camarero. En resumen, el último mono del sarao.

Ahora supongamos que la tipa del primer ejemplo es la novia durante el proceso de preparación de la boda y que el tipo del segundo ejemplo es el novio.

Aquí comienza el Diario de Boda de Lourdes y Cristóbal Jesús, la ganadora del Oscar a la mejor actriz protagonista y el tipo que ha ganado el premio al mejor corto de no se que movida...

BIENVENIDOS A NUESTRA LOCURA